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Deserted Urban landscapes
Juana Libedinsky
2010
Oil on Canvas. 100 x 120 cm. 2009. Atchugarry foundation collection.

Deserted Urban landscapes

All architecture is shelter, all great architecture is the design of space that contains, cuddles, exalts, or stimulates the persons in that space, said Phillip Johnson. Constantin Brancusi defined architecture as an inhabited sculpture. Eero Saarinen stated that the purpose of architecture was to shelter and enhance man's life on earth to fulfill his belief in the nobility of his existence. Even Yoshio Taniguchi (the architect who, a few years ago, redesigned the Museum of Modern Art in New York -precisely one the favourite pieces portrayed by Luciana Levinton) when asked right before the opening if he was satisfied with his work, answered he could not know until the public entered the building. The list of quotations could continue ad infinitum. It is clearly very difficult to think of a building, even the most famous, symbolic, wonderful or ridiculous one, void of human presence. It is human presence buildings are created for, and what gives them their ultimate meaning. Even during their construction, those who are building them are present, for we have not reached the point yet in which technology can take an architectural work from the blueprint to the building work by itself. And when buildings are shown empty and alone, it is hard not to associate them to a context of great melancholy (what is it that is over, one wonders, that nothing and nobody came to replace). Even worse, one can easily associate the scene with tragedy like in the Day After movies in which a neutron bomb destroys all life on Earth but leaves the buildings standing intact and ghostly-like. When architects present their models or renderings to their clients, they add trees, cars and, yes, people to the drawings. Obviously, they use them to show scale, the surroundings and the flow of human traffic. But it is also true that showing the buildings with people in them is a guarantee, though an indirect one, that the universe is in order. This is why Luciana Levinton's work is so interesting. Her paintings show empty buildings or urban landscapes. Famous buildings from the cities she feels passionate about, New York, Sao Paulo, Venice or, in this case, her native Buenos Aires are portrayed in their most absolute individuality in a geometric and very contemporary way. But far from generating a feeling of anguish or distance, hers are vibrant, open paintings that invite us, irresistibly, to inhabit them ourselves as spectators, to travel their pure lines, their flashes of color, their soft curves which often verge on sensuality. Possibly, it is all due to the fact that Luciana Levinton, who was once defined as an artist who has the training of an architect and the heart of a painter, uses the works of famous architects as her starting point, but once on the canvas she handles herself with a logic different to that of architecture and its needs and purposes. With her brush, she creates a world that acquires pictorial spatial senses different from that of a concrete space, as she herself puts it. In fact, the technique she uses, oil on canvas, is emblematic of the most traditional painting techniques. The use of a material so dramatically different to that of architecture, combined with the sight of those empty buildings, which were in fact made to be lived in, violently changes the mind frame of the observer and, because of the change in context, the buildings become something different from what they originally were. In a way, Luciana Levinton's paintings are like ready-made works of art (a urinal out of a bathroom, in a museum, is very effective as regards to the effect it has on the observer, as Duchamp well demonstrated). In this case, these are paintings which do not pay homage to the buildings, obviously well-known, that became their trigger points, but which are now entities that exist in their own right, with an inner logic that is not even necessarily realistic, but that is moving and fascinating in its own merit. Juana Libedinsky

Deserted Urban landscapes

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Deserted Urban landscapes

Toda la arquitectura es un refugio, toda la gran arquitectura es el diseño de un espacio que contiene, arropa, exalta o estimula a las personas en ese espacio, dijo Philip Johnson; Constantin Brancusi definió a la arquitectura como escultura habitada; Eero Saarinen declaró que el objetivo de la arquitectura era proteger y mejorar la vida del hombre en la tierra y confirmar su creencia en la nobleza de su existencia.Incluso cuando a Yoshio Taniguchi (arquitecto que pocos años atrás renovó el Museo de Arte Moderno de Nueva York diseñado por Johnson ---justamente una de las obras favoritas retratadas por Luciana Levinton) fue consultado sobre si estaba contento con la obra recién terminada, respondió que hasta el día que no entrara el público no iba a tener respuesta. La lista de citas podría seguir casi al infinito. Claramente es muy difícil pensar en los edificios, aún en los más famosos, simbólicos, maravillosos o ridículos sin la presencia humana. Para ella fueron creados y, a la vez, es ella la que les da sentido. Aún durante su construcción están presentes quienes los están construyendo (no hemos llegado al punto al que del plano a la obra la tecnología toma las riendas por si sola). Y si los edificios aparecen solos, es difícil no pensar en un contexto de gran melancolía (¿qué es lo que terminó ---aunque sólo sea un día laboral--- y nada ni nadie vino a reemplazar?). O, peor aún, el contexto de una tragedia (estilo película de el día después de una bomba de neutrones que eliminó la vida pero dejó intactas y espectrales a las estructuras). Cuando los arquitectos presentan las vistas o los renderings a los clientes les agregan arbolitos, autos y si, personas. Por supuesto, esto ayuda a mostrar la escala, el entorno, el flujo del tráfico humano. Pero también es cierto que mostrar a los edificios con personas es una garantía, por más indirecta, de que el universo está en orden.Por todo esto es que es tan interesante la obra de Luciana Levinton. Sus cuadros son sobre construcciones o paisajes urbanos vacíos. Edificios célebres de Nueva York, Buenos Aires y San Pablo aparecen retratados en su individualidad más absoluta en una obra geométrica y muy contemporánea. Pero lejos de transmitir cualquier sensación de angustia o distancia, son cuadros vibrantes, abiertos, y que nos invitan de manera irresistible a habitarlos nosotros como espectadores, recorrer sus líneas puras, sus destellos de color, sus suaves curvas que a veces bordean con lo sensual. Posiblemente todo esto se deba a que Luciana Levinton, que fue definida como una artista con formación de arquitecta y corazón de pintora, utilice a las obras de los arquitectos famosos como punto de partida, pero una vez sobre el lienzo se maneje con una lógica distinta a la de la arquitectura y sus necesidades u objetivos propios. Con su pincel crea un mundo que adquiere sentidos espaciales pictóricos y ya no el de un espacio concreto, como ella misma lo define. De hecho, la técnica que usa, el óleo sobre tela, es emblemático de la pintura más tradicional.El uso de un material tan dramáticamente distinto del de la arquitectura, combinado con el ver deshabitados estos edificios hechos para ser habitados, cambia violentamente el punto mental del observador, y, por el cambio de contexto, los edificios pasan a ser algo distinto de lo que eran originariamente. En cierta manera, entonces los cuadros de Luciana Levinton son como los ready mades (un mijitorio fuera de un baño, en un museo, es muy efectivo en cuanto al efecto que crea sobre quien lo ve, como bien probó Duchamp).En este caso son cuadros que no son homenajes a las arquitecturas obviamente reconocibles que actuaron de disparador sino entidades que ahora existen por si solas, con una lógica interna que ni siquiera es necesariamente realista, pero que es movilizadora y fascinante por méritos absolutamente propios. Juana Libedinsky