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23 Feb 2020
EL Mundo interior
Diario Perfil
https://www.perfil.com/noticias/cultura/el-mundo-interior.phtml Con curaduría de Lara Marmor, quedó inaugurada en el Museo Nacional de Arte Decorativo de Buenos Aires la muestra de Luciana Levinton inspirada en la obra de la arquitecta italobrasileña Lina Bo Bardi. Allí también podrá apreciarse el documental ?Poesía precisa?, de la realizadora austríaca Belinda Rukschcio. Hasta el 8 de marzo. (Fuente www.perfil.com). El periodismo profesional es costoso y por eso debemos defender nuestra propiedad intelectual. Robar nuestro contenido es un delito, para compartir nuestras notas por favor utilizar los botones de share o directamente comparta la URL. Por cualquier duda por favor escribir a perfilcom@perfil.com

23 Feb 2020

En el contexto de la cultura argentina, incluso de la arquitectura, en líneas generales, el nombre de Lina Bo Bardi podría ser el de un personaje inventado. Poco se conoce y casi nada se estudia en las carreras afines al diseño y la construcción sobre la arquitecta italiana que, entre otras cosas, construyó el Museo de Arte de San Pablo entre 1957 y 1968, cuando Assis Chateaubriand, el gran mecenas y diplomático, se dispuso a comprar lo que la Europa devastada tenía para venderle de obras de arte. En todo caso, con esa premisa y mucha investigación, Luciana Levinton, que trabaja desde sus telas y con óleo una suerte de deconstrucción arquitectónica, se vinculó con las obras de esta mujer que se fue de Italia durante la Segunda Guerra Mundial y se quedó en Brasil para siempre. Los cuadros de Levinton están colgados en el Museo de Arte Decorativo y tienen como introducción una línea de tiempo de la vida de Achillina Bo, que nació en 1914, realizada por Mara Sánchez Llorenz. Cuando se casó con Pietro Bardi en 1946, sumó el apellido de su marido al suyo. Siempre fue Lina, un nombre que los modernistas brasileños se aprendieron muy bien. No solo por el museo que ella construyó, que no fue un simple museo sino un antimuseo, un ícono, un desafío museográfico con sus paredes de vidrio y los cuadros levitando sobre las estructuras que ella misma diseñó de hormigón, sino también por Casa de Vidrio, Teatro Oficina, Solar do Unhão en Salvador de Bahía, entre tantos, en los que cruzó el hormigón y el trópico, el peso de la estructura y la liviandad del vidrio, el despojo y lo abigarrado. En fin, la vanguardia y la tradición; Brasil y Europa en un solo diseño. Después de la arquitectura es el título de la exhibición curada por Lara Marmor, que oscila entre lo destacado de la vida de Lina Bo Bardi y las interpretaciones de Levinton. Sin embargo, el carácter y la potencia de las obras de la artista argentina no permiten que se transforme en una muestra diferente a una de ella misma. No es de homenaje en un sentido clásico. La presencia de Bo Bardi se percibe en las pinturas como siluetas, trazos, volúmenes, planos, cortes, escalas. En apariciones fantasmales, detrás de cortinados largos como los que Lina usaba para los ventanales de su casa transparente. Porque la relación de Levinton con la arquitectura es, sobre todo, pictórica. No hace de la arquitectura una excusa, y menos un motivo. En todo caso, hay una conversación con lenguajes diferentes. Sobre hojas de la revista Summa pinta un patrón que parece un poroto o un riñón. Dentro de él, dibuja los croquis de obras que pertenecieron a esta arquitecta y también a otras. La revista fundada en 1962 por Carlos y Lala Méndez Mosquera sirve de base, pero también de fundamento por su enfoque abierto a las nuevas tendencias, y siguió muy de cerca los cambios en esta materia. Si los edificios, muebles y objetos que diseñó Bo Bardi fueran una lengua, Levinton no estaría traduciéndola a otra. Más bien estaría pasándola a pictogramas, a poemas escritos con colores, líneas, puntos y manchas. La Casa de Vidrio, el MASP y el Teatro Oficina, por ejemplo, se desarman sobre los fondos de sus telas. Los vuelve partículas de materia, los despliega en curvas y rectas. Esos dos edificios suspendidos en San Pablo, el hogar del matrimonio Bo Bardi en Morumbí y el museo de arte descansan en otra dimensión en las telas de Levinton. Sus esqueletos, como si tratara de seres con órganos y patas, se empastan y relajan en los dibujos. No son copias, no hay planos, ni cortes ni fachadas. Evocan secuencias que pasan de un mundo a otro: de la tercera dimensión al cuadro. La perspectiva no es suficiente para imaginarlos albergando gente, conteniendo cuadros, escenarios, luces y actores. Levinton los vacía; los hace traslúcidos. Para mirarlos en su interior y de ese modo meterse, no tanto en las realizaciones de Lina sino en su corazón y en su mente. (Fuente www.perfil.com). https://www.perfil.com/noticias/cultura/el-mundo-interior.phtml